Resuspendiendo tópicos… para recuperar las playas

Ponencia presentada en la II Jornadas Andaluzas de Conservación del Litoral. Málaga, 26 y 27 de abril de 2003.

El dato de partida

En Andalucía tenemos un problema de erosión de playas que nos cuesta unos 18 millones de euros al año en actuaciones de regeneración, para que los 5,4 millones de turistas que visitan nuestras playas las encuentren de buena calidad y nos sigan visitando (Gallego, Molina et al. 2002). El turismo de sol y playa supone el 70% del turismo en Andalucía y la actividad turística supone el 13% del PIB andaluz (Gallego, Molina et al. 2002).

En este contexto, cabe esperar que los discursos alrededor de la regresión costera estén muy influenciados por la importancia del turismo de sol y playa en la economía.

La idea para el debate

El problema de erosión de las playas es sobre todo de percepción, lo cual implica que las soluciones están sobre todo en cambiar nuestra manera de pensar.

Los tópicos

La percepción social del problema de erosión de las playas está dominada por una serie de tópicos, algunos de los cuales se proponen a continuación:

1) ¿La playa o la piscina? Las playas son espacios urbanos o semiurbanos destinados al esparcimiento. Algo así como un jardín, donde se colocan papeleras, farolas, palmeras, kioscos, duchas, hamacas…

2) La playa empieza donde acaba el paseo marítimo y acaba donde empieza a cubrirnos el agua

3) La erosión costera es un gran problema ambiental

4) Regenerando las playas recuperamos calidad ambiental

5) La única solución a la regresión de las playas es el aporte artificial de arena a las playas deficitarias

Resuspendiendo tópicos…

1) La visión del litoral y en concreto de las playas por parte del ciudadano-usuario y la sociedad en general es de un espacio semiurbano, no de un espacio natural. ¿La playa o la piscina? La actitud del ciudadano en la playa no es la misma que tiene cuando está en una zona forestal, no tiene la sensación de estar en la naturaleza. De acuerdo con esta visión, si existe una degradación de la playa se exige para solucionarla una intervención del mismo nivel que sobre cualquier espacio antrópico (un jardín, una carretera…), es decir, obra pública. Las playas, y las costas en general, son, sin embargo, espacios naturales de gran fragilidad, que requieren ser considerados como tales.

2) La consideración del concepto playa se ha restringido tradicionalmente, tanto en la percepción del ciudadano como en las políticas, al mesolitoral o foreshore, es decir, a la berma sobre la que colocamos la toalla y los primeros 2 m de agua en los que nos bañamos. Sin embargo, la playa, como unidad ambiental y de gestión, comprende una zona bastante más amplia, desde el infralitoral o nearshore, colonizado por praderas de fanerógamas o algueros que retienen el sedimento y reducen la acción del oleaje, al supralitoral o backshore, dominado por sistemas dunares que sirven de reserva de arena a la playa en caso de temporales. Una gestión adecuada de la playa requiere una concepción integral de este espacio, que abarque este perfil completo. A pesar de la evolución positiva sobre este aspecto en los últimos años, la percepción generalizada en la sociedad sigue siendo reduccionista.

Pero todavía es necesario tomar una escala más pequeña, ampliar más el espacio a considerar, para tener un enfoque más o menos completo de la dinámica litoral, ya que en la mayoría de los casos el desequilibrio entre aportes y pérdidas de sedimento se debe a la interrupción del transporte longitudinal por la infraestructura costera. Y más allá, es necesario incluir también las cuencas hidrográficas, ya que los embalses están atrapando actualmente la mayor parte del sedimento arenoso que deberían aportar los ríos. No olvidemos que España es el país con más embalses en relación a sus habitantes y a su superficie del mundo (Arrojo and Naredo 1997).

3) La erosión de las playas no es un gran problema ambiental, pues se trata de ambientes jóvenes, fácilmente adaptables a los cambios en las condiciones ambientales. Al menos no lo es considerado aisladamente, aunque sí pueda serlo la alteración global de la dinámica sedimentaria de la que es consecuencia. La preocupación por la erosión de las playas se debe, sin embargo, a un interés económico, como sustento del modelo turístico predominante en nuestro país, no a un interés ambiental. De hecho, esa preocupación se centra en las playas pero obvia absolutamente otros ambientes costeros, como marismas o estuarios, donde la alteración de la dinámica sedimentaria no es tema de debate ni objeto de presupuestos milmillonarios para tratar de remediarla. Las playas tienen un fin turístico y esos otros ambientes costeros, no. Solo en casos muy concretos, la preocupación por la erosión costera responde a intereses de protección ambiental.

No sólo la erosión costera no es un gran problema ambiental sino que son los intentos por evitarla los que generan realmente los problemas ambientales: regeneraciones de playa, ingeniería dura…

4) Regeneración de playa no es una regeneración ambiental: al contrario, genera un importante impacto ambiental sobre el bentos marino tanto en la zona de acopio como en la zona de vertido (Rodríguez-Perea, Servera Nicolau et al. 2000). No pretende regenerar la dinámica natural de la playa ni el sistema en su conjunto, sino solamente aumentar la extensión de playa útil para acoger turistas. En muchos casos, incluso, los aportes artificiales de arena persiguen la creación de playas donde nunca las hubo.

5) No es que el aporte artificial de arena sea o no la única solución a la regresión de las playas, es que no es ninguna solución. La realidad es que el aporte de arena no soluciona, sólo alivia los síntomas del problema y establece una eterna dependencia (Rodríguez-Perea, Servera Nicolau et al. 2000). No es más que un medicamento que puede incluso empeorar la enfermedad o dificultar la cura, como en el caso de la destrucción de praderas de fanerógamas o algueros.

Las soluciones, sin embargo, pasan por atacar las causas, que son sobradamente conocidas: interrupción del transporte longitudinal por obras costeras, atrapamiento en embalses de las cuencas fluviales, ocupación urbanística de sistemas dunares, destrucción de praderas de fanerógamas marinas y algueros… Algunas de estas causas, aunque menores, son fáciles de atajar, como la limpieza mecanizada de las playas, que .

Conclusiones

Una percepción diferente sobre el problema de la regresión costera, que contribuya a crear nuevas actitudes sociales y políticas de gestión tendentes a su recuperación, puede sustentarse, entre otros, sobre estas ideas:

Desurbanizar las playas —descontextualizar las playas del ámbito urbano—, transmitiendo al ciudadano y a los actores implicados que estamos ante un espacio natural protegido y debemos tener una actitud acorde a ello.

– Comprender las playas en toda su dimensión, tanto a escala local como regional.

– Dimensionar adecuadamente la erosión de la costa desde una perspectiva ambiental.

– Las regeneraciones deben ser ambientales, es decir, con el objetivo de restaurar los valores ecológicos.

– Las soluciones están en recuperar el equilibrio y no en suplir un déficit de arena.

Y, al menos, la solución trivial…

Al menos, reduciendo la dependencia económica del turismo de sol y playa resolveremos gran parte del problema, ya que, si no fuera por este turismo de sol y playa la erosión de las playas no sería considerada un problema y a nadie, o casi nadie, le importaría.

¿A dónde iré que no vaya
mi perdición a buscar?
Tu destino es de la playa
y mi vocación del mar.
Miguel Hernández

Referencias

Arrojo, P. and J. M. Naredo (1997). La gestión del agua en España y California. Bilbao, Bakeaz.

Gallego, I., S. P. Molina, et al. (2002). Balance del año turístico en Andalucía 2001. Sevilla, Consejería de Turismo y Deporte, Junta de Andalucía: 127.

Rodríguez-Perea, A., J. Servera Nicolau, et al. (2000). Alternatives a la dependència de les platges de les Balears de la regeneració artificial continuada: Informe Metadona. Palma, Universitat de les Illes Balears / Ajuntament de Calvià.

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Antonio Luna del Barco | Cádiz (Andalucía) | Abril de 2003

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